Tradición oral

Conclusiones


 

Los fondos orales merecen una consideración particular, no sólo por su formato especial, su realidad compleja e inestable y sus características de recolección, almacenamiento y difusión, sino por la valiosa información que transmiten. En ocasiones, plasman la opinión y las vivencias de sectores minoritarios y excluidos de una sociedad, y poseen, por ello, un valor agregado: ser "la voz de los que no tienen voz", el único medio y la única realidad que poseen actores sociales olvidados o marginados para hacerse oír y ser, de esta forma, recordados y considerados.

Por otra parte, en un mundo globalizado en donde las identidades se mezclan y se pierden, la oralidad –aquello que vincula al hombre más íntimamente con su grupo familiar, social y étnico– sigue siendo un elemento importante para el reconocimiento propio, para comprender el propio origen y para no perder de vista el pasado y el presente a los que se pertenece.

Existe una deuda enorme, por parte de las ciencias de la información, hacia la oralidad, una deuda que se está saldando lentamente de la mano de interesantes propuestas surgidas desde distintas disciplinas en distintos puntos del planeta. En Latinoamérica, un territorio secularmente ocupado por ricas culturas orales –que ni siquiera los procesos de conquista, avasallamiento y represión pudieron borrar por completo–, es preciso tomar conciencia de la gran responsabilidad que esta posesión exige, y de la inmediatez y urgencia de la demanda. Pues estos pequeños tesoros, estas realidades con vida y brillo propio, se encuentran amenazadas, día a día, por el silencioso toque del olvido.

Aunque marginada, la tradición oral ha continuado (sobre)viviendo en las sociedades sin escritura, así como en aquellas que han podido desarrollar la notación escrita. La modernidad que caracteriza nuestra época, y el lugar cada vez más preponderante que se le hace a la escritura ha creado un contexto nuevo, que aniquila las dinámicas de su reproducción y provoca rupturas críticas en su generación, su gestión y su transmisión a las generaciones presentes y futuras.

Muchas veces se ha dicho que la tradición oral está muerta. Además de la potencia de lo escrito, tiene enemigos tan poderosos como los medios de comunicación masivos. Bernard Dadié, un escritor de Costa de Marfil, se lamentaba ya en 1983 [1] al comprobar que ya no se cuenta nada porque falta el coraje o las ganas para evitar prender la pequeña pantalla. El escritor senegalés Cheikh Hamidou Kane, analizando el rol de la escuela (otro enemigo de la oralidad, útil insidioso para instalar el olvido) se preguntaba en su célebre novela "La Aventura Ambigua" de 1961: "Ce qu'on apprend vaut-il ce qu´on oublie?" [2].

Pero la tradición oral tiene, en la actualidad, una forma de revitalizarse, de la mano de las nuevas tecnologías multimedia. La nueva era abierta por las TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación) ofrece la posibilidad de transformar y de multilocalizar la tradición oral. La combinación íntima y dinámica de texto, sonido e imagen permite a los soportes multimedia exponer las tradiciones orales en todas sus formas de expresión cultural. La simbiosis del texto, de los gestos que lo acompañan y de su dimensión material y humana quedan, así, presentados coherentemente.

Cheikh Hamidou Kané respondía a su pregunta de 1961 una treintena de años después, en su segunda novela, "Los Guardianes del Templo" (1995): "... il est possible d´apprendre sans oublier, et même d´apprendre à nouveau ce que a eté oublié".

Es posible aprender sin olvidar, así como aprender nuevamente lo que se ha olvidado.


Notas

[1] Coloquio sobre "la tradición oral, fuente de la literatura en Africa" organizado en Dákar por el Instituto Cultural Africano con el PNUD y la UNESCO. Las actas fueron publicadas por NEA en 1984.

[2] "¿Vale la pena olvidar lo que se olvida por aprender lo que se aprende?".

 


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