Recuerdos, ideas, recetas, historias, vacilaciones, pérdidas, trayectos, encuentros... Miles y miles de relatos exiguos atesorados en puñados de palabras, voces y sonidos que mantienen viva día tras día la memoria. Para que no caiga. Para que no sea olvidada.
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Una vez que el plan de trabajo está diseñado, el siguiente paso -imprescindible, básico- es informar a la comunidad acerca del proyecto y de las intenciones del mismo, incluyendo la descripción del proceso de recolección y el destino que se le dará a la información obtenida. Este tipo de actividades deben realizarse desde una perspectiva de desarrollo de base, es decir, respondiendo a necesidades puntuales de la propia comunidad, y contando siempre con su aprobación, participación y evaluación. Para lograr tal participación, deben difundirse los objetivos e intereses del proyecto dentro de la comunidad. Es recomendable contactar con escuelas y agrupaciones culturales, e incluir noticias en las radios y periódicos locales: a mayor interés, mejores resultados.

El acercamiento al grupo, a su realidad, a sus historias y sus necesidades, es siempre un buen inicio para una serie de entrevistas. Permite familiarizarse con el paisaje y el medio, las costumbres y experiencias del pueblo, e incluso con el habla y los modismos locales. Permite, además, percibir si los espacios vacíos que motivan el proyecto existen realmente.

Los ancianos, historiadores, maestros y la propia radio local pueden proporcionar consejos valiosos y muy buena orientación: qué preguntas hacer, a quién dirigirse y cómo usar la información colectada. Puede incluso crearse un grupo de consejeros locales para discutir progresos y problemas. De esta forma, la comunidad estará completamente vinculada al desarrollo de las labores de recolección de tradición oral, la cual es su propia tradición.

El movimiento siguiente es la búsqueda de informantes dentro del ámbito socio-cultural elegido. Ancianos, niños, amas de casa, obreros, sindicalistas, jóvenes o artesanos, dependiendo de la temática y las metas, pueden proporcionar registros valiosos. La propia comunidad suele conocer a sus mejores exponentes orales, es decir, a aquellos individuos más capacitados para expresar verbalmente el conocimiento que se intenta grabar.

Los criterios de elección deben adaptarse ajustadamente al objetivo de la investigación. Es importante incluir diversos sujetos, diversos puntos de vista sobre un mismo tema: cada testimonio será individual y subjetivo, y, como tal, no será generalizable y expresará sólo una opinión personal forjada en un momento particular bajo circunstancias determinadas.

Elegidos los sujetos potenciales, debe averiguarse lo más posible sobre ellos. El conocimiento profundo sobre el entrevistado permitirá confirmar el interés por él y por su rol dentro del proyecto. A la larga, este saber permitirá establecer una relación estable, sobre una base de información compartida.

La solicitud de una entrevista es uno de los momentos más delicados en un proceso de recolección. Un primer contacto mal planeado puede disuadir a un entrevistado potencial de aceptar la propuesta. Después de seleccionarlos, los elegidos deben ser contactados y visitados. Es necesario explicar a los sujetos, en forma completa y cuidadosa, la identidad del entrevistador, la naturaleza del proyecto, los motivos, los métodos de trabajo y, sobre todo, el destino que se dará a los registros recogidos. Debe describirse detalladamente todo el proceso de entrevista, en especial los aparatos a usar: mucha gente se pone nerviosa o incómoda ante un micrófono. A la vez, puede averiguarse sutilmente si los elegidos realmente saben del tema que interesa recoger, y si tienen facilidad para expresar verbalmente sus ideas (en el caso de ancianos o jóvenes, este punto puede presentar ciertos inconvenientes).

Debe aclararse también si serán pagados o si tendrán honorarios. De ser así, debe estipularse claramente cuánto y por qué, y debe informarse que se necesitará tener un recibo firmado. Además, debe explicarse la existencia de los formularios de consentimiento, su naturaleza y la necesidad de que sean firmados. Algunas de las ideas presentadas en estos documentos pueden ser confusas para algunas personas, y, por ende, necesitan ser aclaradas.

Algunos entrevistados potenciales necesitan un tiempo para pensar si aceptan la propuesta y sus condiciones, o bien pedirán más información. Deben facilitarse, en forma cordial y respetuosa, todos los datos y los tiempos que se requieran. Si los sujetos están de acuerdo (y demuestran saber del tema y poseer facilidad de expresión), debe pedirse permiso para regresar a realizar la entrevista, acordando una cita (cita que debe ser confirmada y respetada).

En algunas ocasiones, mucha gente declinará la invitación a ser entrevistadas, dado que consideran que su conocimiento o su experiencia es de escaso valor. Si eso ocurre, debe animarse al individuo a hablar, expresándole el tipo de información que se necesita y la importancia de la misma. Muchas personas encuentran asombroso que un profesional esté interesado en su vida y en sus obras. Si aún así, mantiene su postura, debe abandonarse el intento, aunque debe dejarse, con mucho tacto, una puerta abierta para un nuevo contacto en un momento futuro.

En otras ocasiones, algunos entrevistados potenciales expresarán su desconfianza ante el proceso de grabación, preguntando “¿Cómo sabrá si estoy diciendo la verdad o mintiendo, o escondiendo cosas?”. Ante tal actitud, el entrevistador debe mostrarse seguro, expresando que no se busca la verdad, sino obtener experiencias y puntos de vista personales y propios, sean cuáles sean las condiciones en las que se relaten. A la vez, y muy sutilmente, debe darse un gran valor a la información verdadera. Es preciso recordar aquí que tal situación de declaraciones engañosas no representa un problema, pues, a través de otras entrevistas sobre la misma temática, o de alguna investigación auxiliar, pueden corroborarse o falsearse los datos obtenidos.

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