Tradición oral

La entrevista (1): instancia previa

Toda entrevista comienza con una instancia previa, en la cual el investigador y el entrevistado toman contacto y se preparan para la charla y la recolección. Dado que es preciso relajarse antes de la grabación –y dado que los nervios suelen ser habituales en ambas partes–, ir a ver al entrevistado con cierto tiempo de antelación ayuda a suavizar la situación, a flexibilizar el propio trato y a crear un ambiente cordial.

Un punto importante a la hora de asistir a una entrevista es la apariencia personal con la que el entrevistador se presenta a la cita. El tono no-verbal que se brinda al entrevistado puede ser más importante para el éxito de la entrevista que lo que se vaya a decir. El aspecto del investigador dice al entrevistado mucho sobre como se lo ve, sobre cómo se lo piensa tratar y sobre la entrevista en sí. Ropas informales pueden hablar de una atmósfera relajada, pero también pueden significar una falta de respeto; por el contrario, ropas formales pueden sugerir un ambiente más serio, pero pueden intimidar. Por ende, debe adaptarse el aspecto de acuerdo al entrevistado, de forma que se sienta bien con el investigador y la entrevista.

El tiempo previo a la grabación es un buen momento para preparar las herramientas de trabajo. Después de un rato de charla previa, puede pedirse permiso para armar el equipo (algunas personas pueden ofenderse si se trabaja mientras están hablando, pues puede dar la sensación de que no se les está prestando la debida atención). El hardware debe ser probado, considerando cuidadosamente la calidad del sonido.

Algunas personas se ponen nerviosas con el sólo pensamiento de ser grabadas. Una buena política, en este sentido, es poner cómoda a la gente con respecto a este punto antes de comenzar la entrevista, contestando todas las preguntas necesarias acerca del proceso de grabación.

Previo al inicio, es conveniente averiguar si el entrevistado desea copias de su entrevista. Algunas familias adoran conservar tamaño testimonio. Si se prometen tales materiales, debe cumplirse la promesa.

Por último –pero no por ello menos importante– la instancia previa a la entrevista es el momento indicado para la firma del consentimiento informado.

Dado que los materiales recogidos pasarán a difundirse y/o a formar parte de la colección de una biblioteca o de un archivo –de acceso libre y permanente–, es preciso obtener del entrevistado un permiso (escrito o grabado) en donde, como dueño de esos conocimientos, exprese su conformidad con el destino que se le dará a la información (destino que ya debe conocer). Este permiso suele denominarse consentimiento informado. Una forma de obtenerlo es usar un formulario de consentimiento. En él se anota lo que se piensa hacer con la información y el entrevistado firma. Una forma muy usada, sin embargo, es el consentimiento verbal grabado. En ambos casos, la información registrada es básicamente la misma. Un ejemplo del último caso sería el siguiente:

  • Mi nombre es Edgardo Civallero, la fecha es 27 de junio de 2005. Estoy hablando con Osvaldo Choque, de la comunidad Carahuasi, de la provincia de Jujuy, en Argentina. Quisiera entrevistarlo sobre leyendas locales. Usaré dicha información para escribir un informe [u otro formato] que pueda usarse para difusión escolar [u otro objetivo]. También lo usaré para difusión en bibliotecas [u otros usos]. ¿Tengo su permiso, Sr. Choque?
  • Sí, Sr. Civallero, tiene mi permiso.

Es importante preguntar al entrevistado si quiere estar con alguien durante la entrevista. Muchas personas se sienten más cómodas de esta forma, y a veces los acompañantes pueden ayudar a recordar cosas. Es preferible tener entrevistas en forma individual: la atención del entrevistador puede enfocarse y concentrarse mejor. Sin embargo, si una entrevista grupal no puede evitarse, hay que asegurarse de identificar, en la grabación, a cada persona que tome parte en la entrevista, recordando que se necesitan los consentimientos de cada participante.

Suele ocurrir que algunas personas se suman a la entrevista espontáneamente, una vez que ésta ya comenzó. Por un lado, es preciso dejar bien en claro quién es el entrevistado (lo cual no implica negar la posibilidad de una entrevista particular con otro informante potencial en un momento futuro). Por otro lado, es necesario solicitar a esos "contribuyentes inesperados" el permiso correspondiente, aunque eso puede depender de la importancia de su contribución.

En todo momento debe mantenerse una actitud amigable, de integración al espacio del entrevistado, de confianza y de cordialidad. La persona a la que se grabará está abriendo parte de su vida al investigador, y tal actitud merece todo el respeto y la gratitud posibles.