Tradición oral

La entrevista (2): la entrevista


 

Para iniciar la recolección de contenidos orales, debe colocarse el equipo de grabación entre los participantes de la entrevista, sobre una superficie sólida, o bien, de contar con ello, colocar un micrófono de solapa (suele recomendarse que este tipo de elemento no se mantenga en la mano, pues las distancias pueden variar, y con ello la claridad de sonido). Es conveniente evitar que el micrófono quede cerca del aparato grabador, pues de lo contrario recogerá los ruidos del mecanismo o "acoplará". Muchos entrevistadores colocan, bajo el equipo, un poco de papel o una pieza de goma-espuma, para aislar al micrófono de los ruidos que puedan transmitirse a través del mueble en el que se apoya.

Los sonidos de fondo pueden destruir la mejor entrevista, convirtiendo una grabación en algo completamente ininteligible. Aires acondicionados, ruidos de tráfico, máquinas de escribir, campanadas de reloj, teléfonos y sonidos similares deberían poder evitarse, dentro de lo posible.

Debe grabarse, al inicio de la cinta, el nombre del entrevistado, la fecha y el lugar de la entrevista. Si es necesario –por razones étnicas– debe registrarse el nombre de padres e hijos, la fecha y el lugar de nacimiento. En comunidades indígenas, esto puede ser de ayuda para la identificación. El nombre debe ser grabado en español (completo) y, eventualmente, en las designaciones étnicas, si se conocen. La grabación de tales datos ayuda a la identificación del casete en caso de que la etiqueta o la identificación anexa se pierdan o se confundan.

Es preciso tener a mano la lista de preguntas. No es aconsejable leerlas (pueden distraer o molestar al entrevistado), sino usarlas como una especie de guía De todas formas –y como ya se señaló anteriormente– que exista tal lista no significa que se la deba respetar como a un guión inmóvil y estático.

Las preguntas que inicien con "qué", "por qué", "cuando" y "cómo" son las más sencillas para iniciar una entrevista, pues son las más generales y sirven de introducción. En general, los datos biográficos son un buen comienzo. Puede entrarse en detalles o abordar aspectos difíciles con el transcurso de la conversación, cuando el ambiente se haya relajado.

La pregunta debe ser hecha de forma correcta y cordial: es importante no apremiar, ni agredir o criticar. La entrevista debe ser una buena experiencia para ambas partes. Debe tenerse en cuenta que, para algunas culturas (incluso regionales) ciertas actitudes son una completa falta de respeto (p.ej. hablar directamente, tutear o interrumpir).

Para iniciar el discurso fluido, pueden usarse algunos estímulos, como imágenes, fotos u objetos. Los mapas de la región son útiles, en el caso de comunidades rurales. La información histórica y tradicional adquiere un significado distinto cuando se la proyecta sobre un mapa. Tal información puede ayudar a identificar territorios sagrados, antiguos campos de cultivo o pastoreo, locaciones abandonadas, minas, lugares de trabajo, marcos de leyendas, patrimonio cultural o sitios arqueológicos.

Los mapas más útiles son los detallados, con escalas de 1:50.000 hasta 1:250.000 (en Latinoamérica, este tipo de mapas suelen ser vendidos por los Institutos Geográficos Nacionales). Sobre el mapa, las locaciones pueden marcarse con un número a lápiz, anotando la referencia y los detalles necesarios en el cuaderno de notas. Algunos ejemplos pueden ser:

  1. Pumasimi. En quechua, "boca del puma". Área de pastoreo del entrevistado durante la estación invernal, desde 1930 a 1945.
  2. Abra de las Vicuñas. Campamento del entrevistado.
  3. El entrevistado recuerda haber visto cabañas allí, pero desconoce el nombre del lugar.

El investigador debe hablar a paso tranquilo y claramente. El tono que el mismo usa y plantea es normalmente replicado por el entrevistado. Debe demostrarse seguridad y confianza, para poder así mantener el control sobre la entrevista. Por otro lado, no debe apagar la grabadora a no ser que el entrevistado se ausente por algún motivo o que lo solicite expresamente.

Después de hacer una pregunta, hay que detenerse... y esperar la respuesta, aún cuando haya que quedarse en silencio por algunos segundos. Mucha gente necesita tiempo para elaborar una contestación adecuada. Tales respuestas –y la forma de darlas– varían de acuerdo a la cultura y a otros factores (sexo, edad, posición social...). Algunas personas responden directamente. Otras arman toda una historia. Otras dan un enorme rodeo.

Una vez que la respuesta comienza, es preciso no interrumpir. Algunas personas hablan y hablan, pero hay que dejarlos terminar su "tira" de pensamiento y esperar pacientemente. Detenerlos –de la forma que sea– puede darles la sensación de que lo que están diciendo está mal, o no es importante, o que se los apresura. Y en muchas culturas, este tipo de interrupción es una auténtica falta de respeto, que puede malograr todo un paciente proceso previo. Si la respuesta se aleja del tema principal, debe volverse a él, con mucho tacto, haciendo una pregunta de la lista-guía. Si la pregunta no es respondida, será necesario hacerla de otra forma: quizás la cuestión no fue comprendida (o fue respondida y no se lo notó), o quizás no quieran responder.

En relación a éste último caso, debe explicarse al entrevistado que puede restringir al entrevistador cuando lo desee: tales restricciones deben ser cuidadosamente respetadas. Asimismo, hay que mantenerse alerta sobre las pistas que el entrevistado puede dar acerca de temas sobre los cuales no se pregunta y de los cuales quieren hablar (buscan que se les "dé pie" para hacerlo). Estar alerta significa que se los escucha, que se aprecia lo que dicen, y mejora la relación con el entrevistado. Puede proporcionar, además, buen material:

  • Uh, eso no fue mucho problema en aquella oportunidad, aunque en otras ocasiones lo fue.
  • (Clara insinuación que pide una pregunta) ¿Le gustaría hablarme de esas veces en que sí lo fue?

La misma atención hay que tener para notar cuando el entrevistado se siente incómodo. El lenguaje, para esos casos, suele ser gestual o corporal, aunque algunos no dudarán en decirlo. Puede prevenirse este deterioro de la relación diciendo, antes de la entrevista, que el entrevistado tiene el derecho de rechazar responder cualquier cosa, sin ofender por ello al entrevistador.

Lo que se ve durante la entrevista debe ser descrito y grabado en la cinta. El equipo de grabación no "ve" los gestos del entrevistado. Es bueno tomar nota sobre estos hechos. Si se habla de un nombre tradicional, describir el objeto.

  • Usábamos el m'biké...
  • ¿El m'biké es esa especie de violín hecho con una lata de aceite quemada, con una sola cuerda hecha de crin? / ¿Qué es el m'biké?

Si se muestra una medida con las manos, se la debe establecer con aproximación:

  • Cavamos una zanja de "esta" profundidad.
  • Ajá... ¿Medio metro, quizás?

Si se está viendo una foto, debería grabarse algún detalle que permita la posterior identificación de la imagen.

  • ¿Quién es el hombre que aparece con las redes de pesca?

Si se usan muchas fotografías, conviene numerarlas. Si se intenta identificar gente en una foto, debe hacerse una fotocopia y numerar a la gente, o bien elaborar un croquis numerado.

En las preguntas, actos y gestos del entrevistador no deben incluirse nunca sentimientos u opiniones. Ello podría influir en las respuestas. Ya de por sí, el entrevistado está influido por la presencia del entrevistador ("Principio de Incertidumbre": el observador, por el mero hecho de observar, modifica lo observado). Si se piden opiniones, es necesario no poner sentimientos sobre las preguntas (es decir, no usar "leading-questions" o preguntas que guíen sobre la respuesta esperada). Muchos pueden responder buscando acordar con el entrevistador, buscando satisfacerlo, o defendiéndose quizás... La diferencia entre las siguientes preguntas (sobre el mismo tema: comer larvas de insectos) son evidentes:

  • ¿No cree que es asqueroso hacer eso? (indica clara e irrespetuosamente, de partida, lo que cree el entrevistador sobre la acción. El entrevistado puede defenderse, puede mimetizarse o puede dar su opinión con convicción; la última opción suele ser poco probable).
  • ¿Qué opina sobre hacer eso? (indica que debe existir una opinión sobre eso, y que, por ende, quizás el entrevistador no esté de acuerdo. El entrevistado tenderá a sondear al entrevistador mientras da la respuesta.... si ya la expresión del entrevistador no le dijo lo que pensaba).
  • Descríbame eso, pues nunca lo vi... (desde un punto de vista neutral, se demuestra interés... Con suerte, en la descripción se incluirá el punto de vista sobre la acción).

Las propias reacciones ante las expresiones del entrevistado deberían ser controladas, en mayor o menor grado. Sonar como un juez, o tornarse impaciente, pedante o irrespetuoso modifica la actitud del hablante. Una entrevista no es un lugar en donde uno debe mostrar cuanto sabe, y mucho menos un espacio en donde tomar partido acerca de las creencias y las opiniones del otro. Todos los entrevistados deben ser tratados con profunda cortesía y respeto, dado que brindan el privilegio de compartir una parte de sus vidas, conocimientos y experiencias.

Puede existir información que quede fuera del alcance del entrevistador debido a factor inhibidores en la relación con el entrevistado (sexo, edad, clase, etc.). Por ejemplo, historias sobre sexualidad y otras intimidades quedarán, seguramente, fuera de toda posibilidad de conversación. Es preciso respetar estos espacios y no tratar de alienar al entrevistado para obtener datos que no quiere dar... aunque, en ocasiones, puede trabajarse un poco para vencer los miedos o las resistencias.

Curiosamente, compartir demasiado con el entrevistado puede ser tan problemático y contraproducente para la entrevista como encontrarse con él por primera vez. Las cosas que ambos conocen pueden darse por sabidas y, en consecuencia, no tocarse. Hay que estar alerta sobre este tipo de datos, y no dudar en establecer lo que es obvio y lo que no. Es preciso recordar siempre que el entrevistador habla por una tercera persona (ausente: el lector) qué probablemente no sepa lo que saben los participantes en el acto de la entrevista.

A lo largo del proceso de grabación, es necesario poner atención en el equipo, controlando el casete. Es preferible cambiarlo antes de tiempo, en un silencio o entre preguntas. Es mejor aprovechar tales silencios a cortar la narración para girar o cambiar la cinta. Si ocurre que el casete se corta sin haberlo previsto, debe pedirse permiso para cambiarlo y solicitar que se repita la información que se ha perdido.

El último elemento sobre el cual hay que mantenerse alerta es la fatiga. El proceso de entrevista es agotador, es un reto y un desafío emocional e intelectual. Si el entrevistado demuestra signos de cansancio, es mejor postergar el trabajo para un momento futuro en vez de forzar la situación a una continuidad que quizás no dé muchos frutos: un entrevistado muy cansado no piensa bien. Y, decididamente, un entrevistador agotado no reacciona a tiempo.

Antes de terminar, es necesario preguntar si hay algo que se desee agregar. No siempre preguntamos lo que el entrevistado piensa que es importante. Por ende, se da la oportunidad de que el sujeto exprese conocimiento que él mismo considera valioso y que puede ser de mucha utilidad.

 


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