Tradición oral

La gestión: problemática y agenda

El trabajo de gestión de materiales orales por parte de una biblioteca es una labor aún no definida en su totalidad, que presenta numerosos inconvenientes. Si bien los archivos especializados poseen herramientas concisamente definidas, las bibliotecas adolecen de severas carencias al respecto.

En principio, es preciso escribir un sumario por cada cinta de entrevista (además de la trascripción del conjunto). Puede tomarse la información de las propias transcripciones. Los sumarios muestran rápidamente la información contenida. Son importantes si se va a conservar la información en un archivo o biblioteca, pues da a los trabajadores y a los usuarios una idea de los contenidos generales.

A la hora de gestionar todo este acervo, es importante mantener el orden. En principio, es necesario mantener una lista de casetes que incluya información relevante (nº de cinta, nombres, fechas...). También puede anotarse información como si el casete fue copiado o es original, si hay un consentimiento firmado, si fue trascripto, traducido y verificado, etc.

Por otro lado, puede crearse un archivo para cada entrevistado, lo cual es una buena forma de organizar la información. Pueden agruparse, de esta forma, los consentimientos informados, las investigaciones previas, los comentarios pre-entrevista, las anotaciones, las traducciones, las ideas, los sumarios de las cintas, las transcripciones, cartas, notas, mapas, fotos, recortes...

Desde el punto de vista bibliotecológico, la clasificación del material es complicada: un único soporte sonoro puede contener varios testimonios (punto que debería poder evitarse durante la entrevista), los cuales, a su vez, pueden incluir varias temáticas de naturaleza muy diversa. La indización de los contenidos es, asimismo, compleja, si se tiene en cuenta que, entre las normas vigentes en la actualidad, no existen descriptores que categoricen realidades distintas de la occidental. Un ejemplo concreto son las cosmovisiones indígenas y rurales, cuya descripción en términos euro-americanos es difícil de lograr sin sacrificar gran parte del contenido. En estos casos, el uso de lenguaje libre o la construcción de tesauros propios es recomendable.

La organización espacial no está libre de problemas y posibles confusiones: cada documento sonoro contará con una (o varias) contrapartes escritas, que deberían estar físicamente vinculadas, pero que también deberían organizarse espacialmente de acuerdo a los códigos de clasificación intelectual vigentes.

La difusión es, quizás, uno de los mayores inconvenientes, pues, aunque siempre se trabaja con autorización expresa de los entrevistados, en muchos casos se manejan acervos culturales pertenecientes a sociedades y grupos con derechos sobre sus conocimientos, derechos difusos, mal definidos y poco reconocidos. Se debe, por ende, ser muy cuidadosos a la hora de solicitar autorización, explicitando exacta y detalladamente el uso que se dará a esos materiales, e informando a los usuarios de los mismos –en bibliotecas y archivos– que tal información pertenece a determinados individuos, y que sus derechos de autoría deben ser reconocidos.

Por último es preciso considerar las problemáticas asociadas con la conservación de los materiales. Normalmente se trabaja -en los ámbitos de los países en desarrollo- con cintas magnetofónicas y documentos en papel, soportes extremadamente sensibles a las variaciones en las condiciones de humedad, polvo y temperatura. El uso de nuevas tecnologías digitales permitirá, con el tiempo, eliminar estos inconvenientes y mejorar, en gran medida, los testimonios recogidos. Los soportes multimedia proporcionan un enorme espacio de almacenamiento en superficies reducidas y de sencilla preservación. Permiten asimismo la reproducción veloz y segura de los contenidos, y su difusión, movimiento y publicación a través de las vías electrónicas de comunicación. Pero quizás lo más importante sea que estos elementos facilitan la inclusión de registros sonoros de alta calidad acompañados por todo el contexto gestual y social, lo cual dota al documento de un valor agregado. La posibilidad de incluir transcripciones y traducciones, informes, historia y otros materiales complementarios en el mismo soporte señala definitivamente el rol que jugarán los multimedia en un futuro cercano, cuando las tecnologías para su producción y uso estén al alcance de todos los investigadores y centros de documentación de la oralidad.

Es preciso señalar que pocos currículos de las Escuelas de Bibliotecología latinoamericanas incluyen como materia obligatoria el manejo de recursos y registros orales. Sin tal educación, es poco probable que puedan llevarse adelante programas coherentes relacionados con la gestión de tradiciones orales.

A la hora de plantear una agenda de trabajo sobre biblioteca y tradición oral, deberían tenerse en cuenta los siguientes puntos:

  • ¿Qué roles deben jugarse en relación con la tradición oral, y que iniciativas deben tomarse a tal fin?
  • ¿Qué instrumentos, metodologías y técnicas es necesario adquirir o desarrollar para la que la gestión de recursos orales sea viable?
  • ¿Qué elementos es necesario incorporar a los planes de estudio bibliotecológicos latinoamericanos? ¿Qué estrategias deben diseñarse para la formación de recursos humanos?
  • ¿Qué articulaciones deben realizarse entre bibliotecas y centros de investigación clásicos (históricos, sociológicos, antropológicos) para aprovechar recursos y compartir conocimientos, y diseñar estrategias conjuntas?
  • ¿Hasta qué punto pueden incluirse las nuevas tecnologías de la información en el trabajo de recolección y difusión de documentos orales? ¿Qué formación es necesaria? ¿Qué estructuras?
  • ¿Qué conexiones deben realizarse con radios y redes de Internet para una óptima difusión de los contenidos?
  • ¿Qué pasos deben darse en relación con los derechos de autor de los registros orales? ¿Qué se ha definido? ¿Qué queda por definir?
  • ¿Cuál es el rol que juegan las bibliotecas populares, públicas y comunitarias en este proceso? ¿Cuáles son las conexiones a realizar?

La suma de las opciones reseñadas –breves ejemplos de una realidad aún por descubrir– demuestra que hay un enorme trabajo pendiente, cargado de problemáticas por solucionar. Y esta labor es responsabilidad de los profesionales de la información, actuales gestores de la memoria humana: es su deber recuperar, conservar y difundir, en forma limpia, equilibrada y segura, los recuerdos de millones de seres humanos que no tuvieron ni tienen la posibilidad de codificarlos por escrito para que sobrevivan a su desaparición.